Los perros entienden tus palabras cuando hablas: demostrado

Los perros entienden tus palabras cuando hablas: demostrado

El mejor amigo del hombre también le entiende. Un nuevo estudio realizado por científicos húngaros confirma lo que ya se lleva años sospechando

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Los perros entienden a la perfección todo lo que les decimos. La ciencia acaba de demostrar lo que antes podía pecar de ser una fantasía o una mera intuición. Incluso pueden llegar a procesar la palabra hablada de manera similar a los humanos, y hasta en el mismo área del cerebro, aseguran los científicos.

El mejor amigo del hombre también es su confidente más personal. Ahora, ya sabemos por qué es uno de los animales a los que se entrena de una forma tan fácil y gratificante. ¿Qué sería de nosotros sin los perros? Especialmente entre aquellas personas que encuentran dificultades para desenvolverse por sí mismas, como los ciegos. Lo que había permanecido en la más pura incógnita, por fin tiene una argumentación científica: sí, los perros entienden perfectamente todo lo que hablamos.

Es obvio que los perros entienden lo que les decimos; al fin y al cabo, pueden aprender a seguir nuestras órdenes verbales

El experimento se llevó a cabo en una docena de canes colocados en un escáner de resonancia magnética con el objetivo de monitorizar su materia gris mientras jugaban con juguetes. Publicado en ‘Frontiers in Neuroscience’, los canes fueron entrenados durante meses para recoger dos juguetes de un montón, diferenciados por las texturas, y solo con decir su nombre. Uno de ellos blando, como un animal de peluche, y el otro duro y de goma, para facilitar su diferenciación. ¿El resultado? Varias áreas del cerebro se iluminaron cuando el equipo empleó las palabras justas para definir los objetos. El cerebro del animal distinguió los juguetes sin fallo alguno.

El experimento resultó todo un éxito. Tras buscarlos y encontrarlos, los animales fueron premiados con vítores y premios de lo que evidentemente les gusta más a ellos: la comida. Una vez que se repitieron los intentos de forma satisfactoria, los científicos les hicieron tumbarse en el escáner mientras el dueño les enseñaba los juguetes a través de un espejo repitiendo los nombres de cada uno de ellos a intervalos. El objetivo, ver si la actividad cerebral del perro acertaba para distinguir entre los juguetes.

“Los perros tienen capacidades y motivaciones claras para aprender y comprender palabras humanas”, declaró Gregory Berns, neurocientífico de la Universidad de Emory, uno de los autores del estudio, a ‘The New York Post’. “Sin embargo, parecen tener una representación neuronal del significado de las palabras que se les ha enseñado”. Los investigadores se centraron en averiguar qué es lo que significa exactamente una palabra para ellos pronunciada por una persona, así como los mecanismos cerebrales que se activan al escuchar la voz humana.

Es obvio que los perros tienen la capacidad de procesar varios aspectos de nuestro lenguaje, ya que pueden aprender a seguir órdenes verbales”, asegura Berns. «En última instancia, lo único que desean los perros es satisfacer a sus dueños y, a ser posible, recibir elogios o premios en forma de comida». Un aspecto a tener en cuenta es que los cerebros de los perros tienen diferentes tamaños; evidentemente, no es lo mismo el de un chihuahua que el de un pastor alemán.

No solo cuenta lo que dices, sino el tono. Saben si se trata de un reproche o una recompensa por algo que han hecho

Esta no es la primera investigación que se realiza sobre el tema. La ciencia ya ha hecho esfuerzos anteriores por descubrir si los perros son capaces de entender el lenguaje humano hablado. En 2016, un equipo de investigadores húngaros repitieron más o menos el mismo proceso: se escaneó el cerebro de un can mientras escuchaban la voz de su amo o entrenador, y descubrió que solo saben interpretar lo que hablamos al hablarles con una entonación que indica un elogio o bien un enfado. «No solo cuenta lo que dices, sino el tono. Conocen si se trata de un reproche o una recompensa por algo que han hecho», afirmó Attila Andics, principal autor del estudio e investigador de la Universidad Eötvös Loránd, a ‘The Guardian’.

Por último, volviendo al primer estudio, hay que puntualizar que tampoco está demostrado que las palabras habladas sean las más efectivas a la hora de mejorar y fortalecer la comunicación con tu mascota. De hecho, otra investigación reciente, mencionada por ‘The New York Post’ y realizada por el mismo equipo, probó que el sistema de recompensa neuronal de los perros está más en sintonía con las señales olfativas y visuales que con las verbales. «Cuando las personas quieren enseñarle un truco a su perro, tienden a usar una señal verbal ya que eso es lo que preferimos los humanos. Sin embargo, desde la perspectiva del perro, una visual sería mucho más efectiva«, concluye Ashley Prichard, autora principal del estudio húngaro.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-10-21/perros-animales-entender-las-palabras-humanos_1632198/

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Los perros, expertos en lenguaje corporal.

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Nuestros ‘bichos’ rara vez nos quitan el ojo de encima y conocen a la perfección el significado de cada uno de nuestros movimientos

Tras siglos de domesticación, los perros se han convertido en uno de los mejores observadores de la especie humana. Si te fijas en casa, tu perro te observa y analiza cada día, tiene estudiados al detalle cada uno de tus movimientos: diferencia cuando te marchas sin él y cuando te lo llevas de paseo; sabe cuando puede acudir a ti para jugar y cuando no. Si estás triste, te consuela con estar a tu lado, guardar silencio y, a veces, secarte a lametones las lágrimas. También reconoce tus gestos al enfadarte, en especial cuando te has percatado de que ha hecho alguna travesura.

Sergio Tallón, psicólogo y educador canino en el centro ‘Senda canina’ de Granada, nos explica en la siguiente entrevista cómo los perros han logrado interpretar nuestro lenguaje corporal y reaccionar ante él.

– Parece que los perros conocen mejor que nosotros mismos el significado de los movimientos de “su humano”.

– Los perros son grandes discriminadores, para ellos el lenguaje gestual es más sencillo de interpretar que el vocal. Por eso, aunque nosotros no nos demos ni cuenta, pequeños detalles de nuestro comportamiento se convierten en señales claras de cosas que van a pasar a su alrededor. El perro se ha hecho al humano, y poco a poco el ritmo de vida ha cambiado. Antes los perros estaban pastoreando, cazando o guardando la casa, tenían un trabajo más definido. El modo de vida urbano hace que los perros presten mucha más atención a sus dueños, y precisamente esa falta de trabajo en la actualidad es la base de la gran mayoría de problemas de comportamiento en los perros.

– ¿Existe una explicación desde la psicología?

– El perro es un animal social, a diferencia de otros animales domesticados. Esa dimensión social hace del mundo emocional del perro sea el más rico de casi todos los animales. El perro necesita hacer cosas con las personas, con su familia. Sin eso no sería feliz, está seleccionado para trabajar con el hombre, y por eso el perro se “empeña” en comprendernos y entendernos. La necesidad de hacer cosas juntos es la base para el nacimiento de esa vinculación emocional que va más allá de pastorear porque me gusta, o cazar porque me gusta. El perro quiere disfrutar junto a su humano, hemos de dejar fuera el paradigma del líder, entrar en el de la comunicación y la mutua colaboración.

– ¿Por qué nos observan tanto?

– Puede ser porque tenga falta de actividad, no física sino mental o de enriquecimiento ambiental. Porque exista un problema de híper apego, es decir, la vida en la ciudad hace que muchas veces hagamos insana la relación perro-guía, no dándole al perro lo que necesita para ser feliz y, por tanto, humanizando sus comportamientos. O bien porque los perros nos quieren y quieren estar con nosotros, hacernos felices, realizar cosas juntos, entendernos y hacerse entender, tan simple como eso.

– Las personas conocemos más o menos cómo puede actuar nuestro perro según sus sonidos o movimientos, pero ¿tan al detalle como ellos?

– También los tenemos estudiados. En general, cualquiera que tenga perro sabe diferenciar el ladrido que significa jugar, el de que viene alguien que no conoce o cuando se asusta. Lo que ocurre es que hemos reducido la vida del perro a sofá-calle, sofá-calle, sofá-calle-pelota. El perro nos ofrece una comunicación riquísima: expresiones, señales, gestos, posturas, movimientos… todo un sinfín de “palabras” en lenguaje canino que seguro que, sin darnos cuenta, sabemos descifrar.

– ¿Se podría hablar del vínculo que se crea entre humano y perro a raíz del lenguaje corporal?

– Por supuesto que sí, sin una buena comunicación perro-guía nunca habrá un buen vínculo, elemento que se nombra bastante y que muchas veces no se sabe ni qué es. El vínculo es una relación especial creada entre dos seres que surge de la dimensión social de ambos. El vínculo sobre una comunicación clara es mucho más fuerte. Por ejemplo, jugar de una manera correcta, no como un loco con una pelota ni como un sargento que ordena a un soldado, sino disfrutando ambos; dar lo que la otra parte del binomio necesita y quiere, así como comprender sus necesidades. E importante, cariño, comprensión y afecto son el resto de las bases para construir ese vínculo no solo social sino también emocional.

– Para las personas que puedan sentirse agobiadas cuando su perro reacciona con ansiedad, porque creen que su humano se va de casa sin él, ¿qué pueden hacer?

-La mayoría de problemas de ansiedad por separación se deben, por un lado, a la falta de actividad en el perro, casi siempre más mental que física. O a un híper apego, una relación que no da oportunidad al perro de desarrollarse como tal y al final le hemos enseñado a estar pendientes de nosotros: no soltarlos, impidiendo que estén con otros perros, no dejarlos solos… Además, en cada caso puede haber otra gran cantidad de factores: fisiológicos, maltrato, abandonos, hechos traumáticos, miedos, inseguridades, o aburrimiento. Pero un perro feliz, con el cual se construye un vínculo emocional claro y fuerte nunca debe de presentar ansiedad. Es un perro, sabrá que aunque me vaya, vuelvo, y siempre volveré y él me esperará. Le daremos lo que necesita antes de exigirle.

Fuente: alzalapata.ideal.es – escrito por: Rocío R. Gavira